viernes, 23 de octubre de 2015

VIDA ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI (III): ¿QUE ES VIVIR?


Si de nuestra propuesta, “VIDA ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI” hemos analizado, a modo de introducción, la palabra “espiritual” y “siglo XXI”, que se corresponden con los dos capítulos anteriores, hemos de afrontar para terminar con esta introducción con la palabra “vida”.

Vivir. ¿Qué significa vivir o qué es vivir?. La vida consiste en respirar, faceta fundamental, sin la respiración nos morimos, pues al respirar comienza la vida y al expirar la terminamos. Vivir es respirar y no lo solemos hacer de manera consciente, más bien lo hacemos de manera inconsciente, lo que suelo denominar “en piloto automático”.

Después de respirar existen una serie de necesidades fisiológicas que deben ser satisfechas y que suelen ser graduales y progresivas. Satisfacer esas necesidades se convierte para muchos en lo cotidiano y ordinario pues no existen otras expectativas, es decir, buscar que comer, vestir y donde cobijarse, junto con sanar sus heridas, es para algunos el conjunto de necesidades que deben satisfacer y no hay más, frente a los millones de personas que inmersos en sociedades más elaboradas y complejas tienen como necesidades un elenco de expectativas más amplio y por ello su vida presenta un entramada más amplio de actividades.

Vivir en el contexto en que has nacido se ha convertido en la necesidad de satisfacer necesidades. Como ya explicó Maxlow en su pirámide de las necesidades nuestra vida se presenta como una carrera ascendente hacía la autorealización de todo cuanto nos hemos propuesta como seres humanos.
Pero antes de todo, antes de nada, es decir, antes de que mis antepasados decidieran evolucionar y poner sobre nuestras vidas un complejo mundo, ¿Qué era vivir?.



Y ahora que ya sé que la vida no consiste solo en satisfacer las necesidades básicas, como tuvieron que hacer mis antepasados primigenios, pues tengo alternativas al estar dotado de más capacidades, ¿Qué es vivir?.

Si el pasado y el futuro no son más que apreciaciones mentales y no sólo existe el presente y si la respiración es la que me permite estar en el presente, vivir tiene que ver algo con el presente y la respiración.

Tanto presente como respiración nos llevan inexorablemente al cuerpo. El cuerpo tiene que tener la clave de la vida, pues sin él no hay presente ni respiración.

El cuerpo, este elemento o soporte vital del que estamos dotados y al que solo prestamos atención hoy en día por dos cuestiones: Por salud y por estética, lo demás del cuerpo me importa más bien poco, conocer cómo es y cómo funciona es una asignatura pasada del Instituto que ahora no me interesa. Pero en el cuerpo está la clave para saber lo que es vivir.

Para algunos este paso por la tierra no tiene ningún sentido, vivimos y morimos y ya está, adiós.
Para este curso de “VIDA ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI” este paso por la tierra tiene un sentido. Partimos del hecho, no constatado, es decir, partimos de un axioma no científico, de que somos seres espirituales viviendo en un cuerpo en la tierra.

Dejemos claro este importante aspecto para quienes prefieren la racionalidad absoluta en la vida y la prueba científica de todo lo que quieren ver y oír. 

En este curso hablaremos de que somos unos seres espirituales en una vida humana, en un cuerpo.

Como no puedo probarlo científicamente, esta afirmación se hace invisible para la mente, pero veremos a lo largo del curso como no es lo mismo para nuestro cuerpo que puede desarrollar enfermedades sin que la mente sepa que existen y por ello no dejan de existir las enfermedades en el cuerpo.

Vivir para este curso es descubrir la misión del espíritu que somos en la tierra y llevarla a cabo.

Si estás de acuerdo o sólo sientes curiosidad, fantástica disposición para aprender, bienvenido.

Se convierte la pirámide de Maslow en el libro de instrucciones de la vida en la tierra que nuestro Ser Espiritual debe conocer para poder sobrevivir en este planeta. Más la inmensa mayoría de la gente ha dejado de pilotar el cuerpo, como nave en espacio y el tiempo, y ha puesto el piloto automático, dejando que la mente tome las decisiones de rumbo y potencia y nosotros nos proponemos volver a pilotarla tal y como se espera de nuestra naturaleza espiritual.


Llegados a este punto alguno o alguna se preguntará cómo es posible que seamos un Ser Espiritual, que quien nos ha creado. Estas preguntas totalmente mentales solo tienen una respuesta, y la hemos denominado FE. Y la Fe en este curso hay que declararla desde el principio, creo en Dios como Creador del Ser Espiritual que todos somos. Y creo que mi mente no es capaz de entender a Dios pero si soy capaz de dejarme amar por Dios y, ese dejarse ser, es el camino que vamos a andar. Dejar ser.

sábado, 17 de octubre de 2015

VIDA ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI (II):EL SIGLO XXI: El cambio que no existe.


El siglo XXI presenta unas características especiales que lo diferencian de los siglos pasados según la historia atestigua y nos enseña. Cada tiempo es diferente nos dirá la mente, “las cosas ahora son distintas”, “hemos cambiado”, “ya no es como antes”, “ahora es diferente”, “todo ha cambiado mucho”…, todo un conjunto de expresiones al estilo mantra que nos solemos repetir y nos repiten hasta generar la creencia de que los tiempos pasados fueron siempre peores, al menos diferentes y que algo ha cambiado. Más si nos alejamos de la mente y nos centramos en el mundo emocional, el mundo de los sentimientos, el mundo no ha cambiado, presenta las mismas emociones y los mismos sentimientos, nada nuevo bajo el sol. Si bien es cierto que reaccionamos de diferente manera frente a diferentes circunstancias y acontecimientos, la ira, la alegría, la sorpresa, el miedo, la tristeza, el sentimiento de culpa, o el de seguridad, siguen existiendo y dominando al hombre y la mujer como lo hacían antaño. Esto llevo a decir a la ciencia hace poco que el hombre es un ser emocional, pues la emoción decide y la razón justifica.

Desde el punto de vista emocional solo hemos avanzado hacía una mayor comprensión de la entidad e idiosincrasia de las emociones en lo que Daniel Goleman bautizó como “Inteligencia Emocional” como aquél talento del que disponemos y podemos entrenar para el manejo y la gestión de las emociones, dejando al lado la palabra control que me resulta demasiado pretenciosa para expresar el poder del ser humano sobre un mecanismo automático y adaptativo del que no dispone de un botón de On u Off  y simplemente puede influir sobre la homeostasis de manera limitada.

Sabemos más y las podemos gestionar mejor, sería el resultado de los avances científicos que aportan al siglo XXI un plus diferenciador sobre los siglos pasados, pero el objeto de estudio sigue siendo el mismo: Las emociones.

En relación al mundo espiritual el siglo XXI ha aportado lo que se ha denominado con prontitud “INTELIGENCIA ESPIRITUAL”

En 1997, la física y filósofa Danah Zohar introdujo el término “inteligencia espiritual” en su libro “ReWiring the Corporate Brain: Using the New Science to Rethink How We Structure and Lead Organizations.” Años después desarrolló el concepto con otro investigador, Ian Marshall, y en 2000 publicaron SQ: “The Ultimate Intelligence (Coeficiente espiritual: La inteligencia máxima).”

En 2006 por el neurocientífico Mario Beauregard, de la Universidad de Montreal, en Canadá encontró que la experiencia espiritual activaba más de una docena de diferentes áreas del cerebro a la vez. Se registra actividad en:

1º.-Los lóbulos frontales. Se mejora la atención y la concentración, y generan nuestro sentido de “yo”, por lo que al alterar su funcionamiento se percibe una “disolución del ego”.
2º.-El sistema límbico se vincula con los sentimientos afectivos.
3º.-Se ha observado también una “desconexión” del lóbulo parietal, que maneja la orientación espaciotemporal, lo que parece crear la sensación de fusión con el Universo.[1]

Hemos constatado lo que ocurre cuando utilizamos la Inteligencia Espiritual, pero no es nueva, es la más antigua. Hace 2.500 años,  Buda la llamó visión cabal o Vipassana; como el Apóstol Pablo de Tarso en la carta a los Colosense en el Cap. 1: 9-10 ora pidiendo inteligencia espiritual.

En resumen, sabemos más de lo que ya existía. Somos más conscientes de lo que eran nuestros antepasados, esta es la diferencia.

El siglo XXI es uno más en la historia en el que las personas que lo viven tienen que enfrentarse a las mismas emociones y sentimientos que antaño. Nada ha cambiado en este aspecto. Reímos, lloramos, nos enfadamos, nos hartamos y nos entristecemos, pero no por lo mismo. Y esta aseveración es compatible con la evolución constante el ser humano, una convicción de la mente que cree que evoluciona y cambia cuando todo permanece. No podemos percibir el movimiento del universo en expansión y nos creemos estáticos, creemos que nuestra posición en el Universo es estática por lo imperceptible del movimiento del universo para el hombre. De la misma manera, creemos que en el tiempo, frente a la eternidad, nos movemos y evolucionamos, pero realmente estamos en el mismo punto donde comenzó una vez todo. Un Universo en un tamaño finito al que dan un tiempo infinito.

Para nuestras vidas cotidianas y ordinarias todos estos estudios científicos nos aportan poco, si no profundizamos, si los dejamos en la superficie, más bien nada. Pero si nada hay nuevo bajo el sol y como dicen los Libros más antiguos que tenemos, y que ahora la ciencia confirma con los datos: “Lo que fue, eso será, y lo que se hizo, eso se hará; no hay nada nuevo bajo el sol. Estamos ante el reto de entender y comprender lo que los antiguos ya sabían y constataban como certezas y verdades y nuestra mente, durante siglos, consideró cuestionable y ahora se constata como cierto.

APRENDER a DESAPRENDER es el reto para quien quiera tener una vida espiritual en el siglo XXI, pues todo lo que la mente ha cuestionado durante siglos ahora comienza a ser confirmado con la certeza de la ciencia. Pues nada ha cambiado, que todo sigue igual y Matusalén se enfrentó a lo mismo que Bill Gates, la supervivencia de su cuerpo y la gestión de sus pensamientos y emociones.




[1] http://www.cnnexpansion.com/actualidad/2009/12/14/iq-de-la-fe

viernes, 9 de octubre de 2015

VIDA ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI (I): LA CREACIÓN, EL CREADOR: Veni Creator.



Este año aún no he encontrado un tema sobre el que desarrollar la temporada de este Blog, después de la serie UN CURSILLO DE AMOR y REINICIARSE COMO SERES ESPIRITUALES, nos proponemos un nuevo curso sin rumbo fijo, sin horizonte, aún no ha surgido esa claridad mental que nos lleva a esa expresión tan universal del Eureka! Que más bien es la exclamación ¡Ajá!. En este mar en calma en el que el barco aún no se mueve y busca un horizonte al que dirigir su timón y un viento que hinche sus velas, en esa calma chicha que conocen muy bien quienes han surcado el Pacífico en el que los vientos cesan y las olas duermen.

Para un escritor o un músico estar en dique seco es no ser productivo no lograr parir, ni atraer al mundo las musas que le harán generar riqueza y belleza. Es la muerte, pues quien no es capaz de generar vida está muerto en vida. La vida es creación.

Saber crear es una sabiduría que no todo el mundo alcanza. Dios es el máximo creador, a él se le atribuyen todas las dotes creativas, que son infinitas y nosotros, hijos suyos, hechos a su imagen y semejanza somos también creativos, creadores, cocreadores.

Esta realidad es bien conocida del ser humano desde hace siglos. Existe  la posibilidad de contactar con la fuente creadora de todo lo creado y que ésta a su vez inunde la vida concreta de cada ser humano para en armonía con lo creado poder llegar a ser cocreador.

Este contacto que todo el mundo espera sea mental y quienes lo han experimentado y experimentan expresan de otra naturaleza es un puente espiritual, no puede ser mental, ni emocional, ambos netamente humanos, debe trascenderlos y por ello se aleja de la naturaleza humana para adentrarse en lo más desconocido y creíble, pues es ensimismo increíble, lo que provoca incredulidad.

Este puente espiritual durante siglos se ha denominado “ESPIRITU” y en el cristianismo se le ha denominado “ESPIRITU SANTO”.  La tercera persona de la Trinidad, el gran olvidado en los rezos y oraciones de muchos creyentes, aunque invocado siempre junto al Padre y al Hijo en las oraciones más simples.

La fuerza creadora que nos hace cocrear es una fuerza espiritual con la que debemos contactar. A la que debemos invocar y atraer y durante siglos mujeres y hombres la invocan de muchas maneras e intentan contactar con ella de muchas formas llegando a denominarla con múltiples nombres. Los ritos y rituales de invocación son muy diversos y heterogéneos a lo largo de la historia y según  la parte de la tierra donde nos encontremos, pero todos las culturas han intentado y conseguido cruzar el puente. En el Cristianismo existe un cántico creado en el siglo IX que lo invoca el “VENI CREATOR” una maravillosa pieza de canto gregoriano.


Como podéis comprobar basta invocar la escasez para que las fuerzas espirituales vengan en tu ayuda y donde antes había sequedad surja ahora un manantial fresco de agua y vida eterna, si eterna, pues la fuerza creadora del Espíritu te permite vivir el ahora, único tiempo que forma parte de la eternidad.

En esta fuerza inspiradora que ha nacido de la nada y ha acabado con este artículo nace un horizonte para este curso, VIDA ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI, que será el banco de reflexión en el que semana tras semana me propongo sentarme para dejarme sentir como hoy y que la pluma, en este caso el teclado, sea inspirado por el ESPIRITU SANTO, denominación a la que me acojo por ser mi formación cristiana y mi creencia la fe católica, pero que invito a quienes no les guste puedan sustituir por el nombre o la denominación que más les guste o se ajuste a sus creencias, pues en este camino cabemos todos. 

sábado, 13 de junio de 2015

Un Cursillo de AMOR: MI EXPERIENCIA PERSONAL


Un día cualquiera tropiezas o encuentras, pues así lo buscas, el AMOR DE LOS AMORES, encuentras el AMOR. Así lo sientes, así lo percibes y ningún  razonamiento puede impedirte alcanzar la conclusión de que lo que has sentido y experimentado es el AMOR DE LOS AMORES, el AMOR del que hablamos en este Cursillo. ¿Qué haríamos? A buen seguro que guardarlo, a buen seguro que intentar retenerlo, a buen seguro que sujetarlo de alguna manera a la mente, al recuerdo, para que no se vaya, para que se quede. Nuestra primera reacción es permanecer, permanecer en el AMOR.

Todos hemos experimentado este encuentro. Tengo la convicción personal de que todos los seres humanos lo tienen una o varias veces en su vida y que el grado de recuerdo depende del grado de consciencia con que el encuentro se produce.

Cuando el encuentro se produce en una plena consciencia de reconocimiento, entonces, tienes una experiencia de la que puedes hablar y de eso se trata hoy, de contar mi experiencia personal en el encuentro con el AMOR DE LOS AMORES.

Puedo deciros que desde entonces vivo solo pendiente de que no escape de mi vida. Cada día, cada noche está orientada a retenerlo, pues aunque sé y siento que habita en mí, lo abandono, lo dejo sólo en innumerables ocasiones, casi la mayor parte del día, pero avanzo y he avanzado y los encuentros son cada vez más frecuentes.

Ahora reconozco otros encuentros en el pasado y reconozco que entonces no era el momento, no estaba aún preparado para retenerlo y disfrutarlo de manera consciente como ahora. Pero hoy por hoy dispongo de herramientas y métodos para volver cada vez que quiero a contactar con este AMOR. No es fácil y aunque no desespero, si es verdad que en ocasiones el camino se me hace cuesta arriba pese haberlo andado cientos de veces.

Confiarle mi vida ha sido uno de las mejores decisiones que he tomado, desde entonces nada mi falta de lo que necesito, El se ocupa.

Vivo una vida de continuo diálogo con El, pero he de observar a quienes pretende arrebatar, y lo logran, estos momentos de diálogo y presencia. Me he convertido en un observador, como el guardabosques subido en caseta de vigilancia en el bosque oteo en el horizonte la mente para verificar pensamientos, sentimientos, acciones, reacciones…todo cuanto me aleja de EL. Y lo logran, los pensamientos, como arboles, crecen y no me dejan ver, ni oír, ni sentir, por eso debí colocar en mi vida espacios y tiempos para estar a solas con EL. Establecí una disciplina constante para que durante todo el día pudiera estar con El. Pero el bosque es frondoso y me pierdo y a veces incluso me meto en los bosques de los demás y entonces pueden pasar horas e incluso días casi sin contacto, pese a que pongo en marcha los mecanismos verbales, corporales y mentales precisos.

Sé que siempre me acompaña, pero no me basta, quiero ser consciente de que me acompaña, porque cuando aumentas la presencia en el AMOR, cuando te acercas lo suficiente te conviertes en el mismo AMOR, eres el AMOR y ese instante, ese momento no tiene palabras para ser definido. Son chispas de segundos, instantes sublimes de eternidad que te dejan renovado por dentro y por fuera pero que no duran, que no se pueden retener.

He aprendido que cuanto más andas el camino para acercarte a EL se producen una serie de efectos en la vida, una serie de habilidades y actitudes que puedes utilizar, pero primero tienes que aprender a utilizarlas, pues aprender a aprender es el primer paso, ya que la mente te dirá que lo que pretendes es imposible, algunos los llaman milagros. Hablar de milagros en mi vida era al principio algo comprometido pues podrían tacharme de loco. Preferí dejarlo en mi intimidad y ahí se queda siempre. Pero todo cambió cuando tropecé con esta frase:

Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen milagros, la otra es creer que todo es un milagro"

Entonces comencé a prestarla atención plena a cada instante de mi vida y ver y sentir y escuchar como cada paso que daba se producía uno, tras otro y que sólo dejaban de existir cuanto mi mente se adueñaba de la vida para interpretarla a su gusto y no a gusto de EL.

Solo siento gratitud, una profunda gratitud por este Don, que aún me cuesta aceptar pues no me considero ni muchos menos digno de El. He caminado por la vida de la mano de mi mente, creyendo exclusivamente en lo que veía, oía y sentía, y durante esa etapa fui capaz de cometer las mayores aberraciones que uno se pueda imaginar. No creo que haya quedado ninguna por experimentar. Por ello, teniendo en cuenta mi vida pasada e incluso las traiciones presentes y recientes, que te amen, con tan inmenso AMOR, que una y otra vez te reciban con los brazos abiertos, la sonrisa en la cara y el corazón  lleno de AMOR es lo más grande que existe sobre la tierra y me basta, me basta, me basta cada día para seguir viviendo.

El AMOR, que para mí es Dios, en el arquetipo cultural y religioso que en la dimensión terrenal me ha sido asignado, que acepto e intento perfeccionar, sólo quiere que le amemos con todo nuestro ser, con todo nuestro cuerpo, nuestra mente, con todo…Solo eso, nada más, no tenemos que sustituirle para hacer de este mundo un mundo mejor, basta con amarle, pues al amarle se produce el milagro de que se transforma el mundo y si todos fuésemos capaces de ello el mundo cambiaría.

En mi primer contacto con el AMOR, hace ya más de cuarenta años, creí entender que estaba llamado a cambiar el mundo, que tenía que cambiar el mundo para hacerlo mejor y me junté con otros que así lo entendían también, primero fueron de Iglesia y luego de un partido político, quería ser misionero o político, quería cambiar el mundo, acabar con la guerra, las injusticias y el hambre. Ahora me doy cuenta del tremendo error de querer sustituir a Dios, de que querer para el mundo  lo que EL no ha hecho hasta ahora. Ahora me doy cuenta de que sólo quiere que le ame, que le de lo que EL me da. Con la misma abundancia, con la misma frecuencia, que es TODO y SIEMPRE. Y entonces es cuando me convierto en otra persona, cuando dejo el personaje y comienzo a SER.  Y cuando logro SER me hago UNO con EL.

Este es mi credo. Esta es mi experiencia. Encontré en mi entorno la formación adecuada para la mente, pues es la primera que hay que reeducar, encontré el Plan de Vida más adecuado para mis condiciones culturales y educativas previas y aplico todos los días la recetas que otros antes que yo han aplicado con éxito, hombres y mujeres similares por haber  sido educados previamente en los mismos arquetipos culturales y religiosos que yo. No siempre lo consigo pero sigo en el camino.

Creo que todo el mundo puede lograrlo, pero no me empeño, tan solo espero a que aparezcan en el camino para acompañarlos un trecho, aprender de ellos y seguir ADELANTE.


Doy las gracias a todos cuantos aparecen en mi vida todos los días pues todos y cada uno de ellos son maestros que me enseñan cada día un poco más de este camino. No hace falta retirarse del mundo, aunque yo lo haga de vez en cuando y es cuando con más frecuencia siento su presencia, basta con quedarse donde estás y vivir de manera consciente y enfocado en el AMOR y entonces es en los demás donde encuentra la mayor intensidad del AMOR que somos, en los otros, en todos y cada uno de vosotros. Por eso cuando me meto en mi pequeño yo me alejo de Dios, del AMOR y cuando me doy a vosotros lo encuentro. Por esos momentos a todos GRACIAS.

sábado, 6 de junio de 2015

Un Cursillo de Amor : EL AMOR EN LO PEQUEÑO.



Si el amor es lo más grande, donde mejor se manifiesta es en lo pequeño. Un beso, una caricia, una sonrisa, un guiño de un ojo, un abrazo…y tantos y tanto gestos, pequeños que son para los enamorados una profunda sima de amor en la que perderse y saborear lo profundo del sentimiento. No hay amor sin estos gestos pequeños y si faltan se considera un síntoma de que el amor puede haber desaparecido. Un regalo, una llamada de teléfono, una sorpresa, una palabra…Aparecen en nuestras vidas de la mano de la persona amada y se nos abre en el pecho un mar de plenitud, una sonrisa en la cara y el mundo por un instante parece y es maravilloso. Un sublime instante de amor gracias a un pequeño gesto, un detalle, un toque de atención y es que de atención se trata, de prestar atención al amor, como se haría con planta para que no se seque y se angoste, todos los días un poco de atención, basta un poco de atención y el poder del amor surge y se mantiene.

De la misma forma que en el sentimiento, en el AMOR como SABIDURÍA, en el AMOR del que estamos hablando en este Cursillo y que recordamos:

“El AMOR como “SABIDURÍA INFINITA que nos permite conocer la VERDAD”. Este es el AMOR del que hablamos en este Cursillo y si el AMOR es infinito como  Sabiduría, forma parte de la eternidad y es en ella donde lograremos alcanzar su plenitud y en la tierra la única expresión de la eternidad que tenemos es el AHORA”.

El AMOR se mantiene en las cosas pequeñas y la más pequeña que tenemos y que es plenamente nuestra es el justo instante, cuasisuspiro de la vida, el AHORA. Si en el amor es atención, en el AMOR es ATENCIÓN. Una ATENCIÓN al momento presente, que es lo mismo que la vida, y, en el momento presente lo que hay puede ser el sol, la luna, el aire, las estrellas, la lluvia, el canto del pájaro, unas montañas, los árboles, una persona, un paisaje, en fin y para resumir, un sentido: Un olor, un sonido, un sabor, una sensación táctil, una visión. Cuanto estamos presentes en esos momentos, instantes, segundos, como arena del desierto en la palma de la mano que se desliza entre los dedos, dejando un leve pero sutil hormigueo en las manos con un casi imperceptible sonido de arrastre de la arena según cae al suelo mientras siento el calor que desprende sus miles de granos de arena calentados por el sol y saboreo ese instante y me siento vivo. Ese es el justo momento de ATENCIÓN que la vida requiere en el que el AMOR se manifiesta.

Mantener esta actitud de ATENCIÓN presente y constante requiere de un entrenamiento de los sentidos, de la mente, del cuerpo y un SER, que como observador, será el espectador privilegiado de la belleza que irradia la vida en cada instante. En este entrenamiento los detalles de la vida cotidiana son un campo de entrenamiento vital para un desarrollo de esta actitud de vida. Lo pequeño, centrarme en lo que hago en cada instante, sea lo que sea, con total atención, con esfuerzo humano pero intención divina. Poniendo “cuerpo y alma” como decían nuestros abuelos. De esta forma mi mente se acostumbra a pararse, a centrarse, a focalizarse en lo pequeño, lo ordinario, lo cotidiano, lo más insignificante. Sin caer en lo puntilloso, el perfeccionismo y lo maquineo, el AMOR está en todo lo que hacemos con ATENCIÓN.

Nuestra mente busca aventuras y admira los logros grandes y esplendorosos y si están rodeados de éxito material y fama, más aún, nuestra mente, ambiciona y presta atención a esa meta que para ella es puro deseo dejando de lado la vida, lo que nos rodea en pos de un afán conquistador y guerrero.

Nuestro corazón se queda en la vida, en el ahora, explorando la infinitud del momento presente. Pensemos en una ceremonia del Té japonesa. El corazón detiene con la ATENCIÓN entrenada la vida para nosotros, la graba como recuerdo y hace surgir el AMOR en lo que estás haciendo. Hecho de pura ATENCIÓN no podemos alcanzar una consciencia plena del AMOR sin el testigo de la verdad, de lo que ocurre, el notario de lo cotidiano y ordinario, el SER. Mientras nuestra mente busca en el más allá, nuestro corazón se queda quieto ante el presente.


Ahora estás leyendo. ¿Cómo has leído este artículo?. Mejor, ¿ha sido con la mente puesta en lo siguiente que tienes que hacer? o, ¿ha sido con el corazón fijo en el momento presente?.