Reflexiones del Viverista de Esperanza, Coach, Educador Transpersonal,Consultor de Mindfulness, Mediador y Abogado JULIO DE LA TORRE.
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jueves, 25 de abril de 2024
FIN DE SEMANA PARA REINCI@ARTE en Collado la Vera (Cáceres)
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Ubicación:
Collado, Cáceres, España
viernes, 15 de enero de 2016
VIDA ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI (IX):EL PLAN: Un Viaje: El Ahora.
Toda cuanta medida del tiempo podamos hacer siempre se hace desde el ahora. Toda cuanto vida queramos tener se hace desde el ahora, todo cuanto hagamos en la vida ocurrirá, ha ocurrido y ocurre en el ahora. El ahora es la gestión del tiempo que controlamos, sobre la que tenemos el absoluto poder. Sin poder cambiar el pasado o programar el futuro, el presente, es nuestra única arma, y dentro del presente el ahora, el momento justo en el que me doy cuenta de que respiro y vivo, pienso y siento.
Siendo de formulación y diseño tan sencillo
se presenta muy difícil para la mente la gestión del ahora. El cuerpo siempre
está en el ahora, no se pude teletransportar. Las emociones vienen y van y
nunca permanecen más allá del tiempo para el que están programadas. Son los
sentimientos asociadas a las emociones los que logran quedarse con nosotros un
mayor tiempo, como los recuerdos. Pero tanto unos, como otros, se desarrollan
en el ahora pese a que tengan su origen en el pasado.
El ahora es un gran campo de observación.
Nada de lo que se haya descubierto en el pasado y de lo que se descubra en el
futuro dejará de ocurrir en el ahora mientras era observado Por tanto, si
queremos descubrir algo en la vida, y en nuestra propia vida, debemos fomentar
la observación en el momento presente, en el ahora.
Esta técnica de estar presente en el ahora,
de ser un observador avezado y suspicaz, requiere un entrenamiento específico.
El primer objetivo de este entrenamiento es evitar las fugas. Las fugas las
provoca la mente que pretende que viajemos en el tiempo, al futuro o al pasado,
en busca de sentidos, significados, juicios, sensaciones, palabras, recuerdos,
sentimientos…, todo cuando sea memoria, pues la mente es analítica y el objeto
de su análisis no es otro que la realidad, a la que compara con lo que ya sabe,
y lo que ya sabe es lo que denominamos: Memoria.
Es nuestra memoria nuestra peor enemigo para
la gestión del ahora. No saber nada, no tener memoria es la garantía segura de
que la mente comenzará en ese justo instante a tomar nota de cuanto ocurre para
aprender y comenzar a tenerla. Esta función puede generarse con una cualidad
que denominamos de “mente de principiante”, una “actitud de aprendiz” y la capacidad de sorprenderse. Todas ellas son
necesarias para que podamos enfrentarnos al momento presente con curiosidad,
con la curiosidad de un niño, que es quien por primera vez toma conciencia de
una experiencia y su mente le permite que preste todos los sentidos a lo que le ha llamado la atención y es objeto de
observación en ese instante.
En la vida espiritual esta mente, actitud y
capacidad son como el aire, el sol y el agua para la vida sobre la tierra. Quien
se disponga a iniciar el camino de la vida espiritual deberá establecer un plan
formativo para ir avanzando en la gestión del ahora mediante el entrenamiento
de una mente de principiante, una actitud de aprendiz y el desarrollo de una
capacidad de sorprenderse a cada instante. Cualquier momento de la vida,
cualquier instante, cualquier tarea se presenta idónea para practicar la
observación del ahora en lo que denominamos la observación consciente y
desapegada de la que hablaremos otro día. Ahora toca finalizar.
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VIDA ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI
sábado, 19 de diciembre de 2015
VIDA ESPIRITUAL EN EL SIGLO XX (VIII)I:EL PLAN: Un viaje: La jornada
La medida del Plan es a jornada. Es su
escala. Carpen Diem, dicen algunos,
vivir el momento. Vivir el ahora que para algunos se ha convertido en toda una
filosofía de vida y que inunda nuestros deseos de paz y serenidad. Pero vivir
el ahora sin planificarlo con la suficiente antelación puede presentar
inconvenientes en el camino.
Tomar conciencia de las dificultades
del camino será el primer trabajo de cada día. El HACER-HACER o e HACER-TENER
en el que hemos sido educados y en el que está organizada la sociedad nos lleva
a tener que dedicar mucho tiempo de nuestra vida a estas facetas sociales y
económicas que sustentan nuestras vidas. Para SER, para lograr mantener esa
vida espiritual que ahora estamos intentando desarrollar en el siglo XXI, es
necesario tomar conciencia cada día, cada jornada, del lugar en el que nos
encontramos, de la parte del camino que nos toca vivir.
Será conveniente entonces introducir
por las mañanas un momento de serenidad para poder contemplar el paisaje del
día: reuniones, compromisos, horarios,
trabajos, recados…todo cuanto “Tengo que hacer”. Aquí aparece una actitud que debemos fomentar y
cuidar que es, “saber decir no”. Salvo situaciones excepcionales, tenemos que
aprender a decir no a todo aquello que no forme plan del plan de acción, de la
agenda del día. O dicho de otro modo focalizarnos en lo que hemos planificado
en hacer.
Una vez que tenemos claro los hitos del
camino tenemos que colocar nuestro Ser en el medio. Buscar ese momento que será
para mí, sólo para mi, ese momento de tiempo y espacio en el que durante unos
minutos podré volver al ser, al centro de lo que soy, con el objetivo de ir
perfeccionando la ruta neuronal y la biología del aprendizaje precisa para que
la Inteligencia Espiritual vaya encontrando su asiento como hábito, costumbre y
finalmente carácter.
La agenda espiritual no va más allá del
día. Planificar la jornada. Para vivir cada instante como si fuera el último,
como si mañana no existiera, centrado en lo que tengo que hacer ahora y con la
confianza puesta en que lo que mañana venga será otra jornada igual que ésta,
en la que tendré que estar atento a lo que hago.
Fijar claramente el momento, el tiempo
y el espacio que establecerá a lo largo de la jornada, o varios de ellos, ya lo
veremos más adelante, en los que pararé de hacer, y comenzaré a ser. En los que
provocaré a mi mente para crear las ruta neuronales precisas para el desarrollo
de la Inteligencia Espiritual que preciso.
Decir no a todo cuanto pueda desbaratar
el plan de la jornada requerirá un aprendizaje muy especial para convertir la
vida en una piedra inamovible de normas y hábitos. Nunca por encima de las
personas. Tenemos que desarrollar la habilidad, intuitiva, de cuando saber
dejar hacer, para identificar otro hacer, que aún cuando no estaba planificado
requiere nuestra atención dejando a un lado lo que me ocupaba sin sentimiento
de culpa o resentimiento.
Decir que no a todo lo superfluo, lo banal,
lo que puede ser delegado, lo que se puede agendar y aplazar y darle la
bienvenida a lo que pueda surgir de improvisto como un regalo para el
aprendizaje. Desarrollar nuestra capacidad de sorprendernos hará de la vida, de
cada día, de cada instante un momento único e irrepetible que sabré saborear en
toda su intensidad. Para ello necesitaremos practicar la atención plena y
precisamente los momentos para nuestro Ser, para nosotros, son un gimnasio de
atención plena.
Planificar la jornada poniendo en el
centro lo más importante, nuestro SER.
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VIDA ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI
viernes, 27 de noviembre de 2015
VIDA ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI (VII): EL PLAN: Un viaje: El tiempo
Tener una vida espiritual en el siglo
XXI requiere como siempre valor. A lo largo de la historia quien ha pretendido
vivir desde el ser espiritual que somos ha precisado de valor pues supone
mantener una línea de desarrollo y crecimiento personal que la mayoría de la
gente no entendía, y, en algunos ocasiones, ni toleraba, ni tolera.
Los avances científicos, la constatar
que existen partes del cerebro que se activan y cambian en personas con una
vida espiritual plena han venido a reforzar los argumentos de quienes ya lo
venían relatando desde hace siglos y supone una mayor comprensión de quienes
son más racionales y hasta que no lo ven no lo creen.
La vida espiritual se representa para
la mente como un viaje a nuestro interior, a lo que realmente somos, a nuestro
ser, al centro de la tierra, pues desde ese centro, todo lo que le rodea es el
universo entero, es el CENTRO.
El viaje ha de comenzar con un PLAN,
como cuando se programa un viaje de verano o turístico. Con una peculiaridad, y
es que nuestro PLAN es el propio viaje. El principio y el fin, el alfa y el
omega se junta en un instante, en un momento, en un AHORA. Por tanto el PLAN
sirva para ahora y se agota en el ahora. Esta comprensión de finitud y a la vez
impermanencia del ahora y la vez la eternidad del momento es la parte más difícil
de asimilar por la mente, que quiere límites y fronteras, pues es su manera de
comprender y aprehender el mundo. Somos energía fluctuante y cambiante que en
vibración baja se materializa y cuya impermanencia tiene su manifestación en
los procesos bioquímicos constantes que la materia experimenta. Todo pasa, nada
queda, que lo nuestro es pasar, dice la canción.
El PLAN se traza de manera mental. Es
la mente la que decide, pero será la voluntad que surge del Ser y del Corazón
la que mantenga el timón si queremos mantener el rumbo, pues a las primeras de
cambio, sentido por la mente, querrá volver atrás, si percibe sobre todo
extinción de lo que considera que es, el ego.
El PLAN debe ser sencillo,
instrucciones muy claras y concisas. Fáciles de recordar y de repetir de continuo
en ciclos. En este aspecto nos ayuda el tiempo, que organizado en épocas y
estaciones nos ha organizado la vida en horas, días, semanas, meses, años y
siglos. Para el PLAN, que vive en el ahora, la dimensión temporal más cercana
es la hora y sus divisiones. Y el ciclo de repetición más eficaz y cercano a la
hora es el día. Por tanto, en las dimensiones temporales terrenales, el día y
la hora son dos elementos esenciales, siendo el resto, absolutamente despreciables
a esos fines, pues las semanas, meses y
años, no serán más que ciclos de repetición.
El PLAN para cada día y un PLAN para cada hora. Dicho así, ya pesa
a la mente, pues todo lo que sea planificarlo todo suena a rigidez mental y
falta de libertad. ¿Dónde está la improvisación?, ¿Dónde queda lo de fluir?. Si
comparamos el PLAN con el de un río, veremos como el río siempre repite sus
ciclos diarios y semanales, pues la vida no es el rio sino lo que lleva el rio
arrastrando y deslizándose en su superficie o sumergido en sus aguas. Por tanto,
para darse cuenta de lo que la vida ha traído a las orillas del rio, lo que
flota o ha quedado sumergido es el resultado de una vida consciente. Para tener
una vida consciente es necesario estar despiertos y para estar despiertos es
preciso un PLAN ante la tendencia de la mente en quedarse dormida entre sus
deseos de futuro y sus apegos al pasado.
¿Qué contenido tiene el PLAN?. Lo
veremos en otra entrada. Ahora quedémonos con el hecho y la circunstancias de
que el PLAN debe ser organizado en día y hora.
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VIDA ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI
viernes, 20 de noviembre de 2015
VIDA ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI (VI): SERES HUMANOS: LA FRONTERA
¡Quién lo duda!, su definición es otra
cosa, un reto que aún se mantiene, pues con algunos comportamientos por medio y
siglos de historia algunos han llegado a manifestar que más bien deberíamos ser
clasificados y definidos como parásitos, pues allá donde ponemos el pie, en la
naturaleza más salvaje, la colonizamos y acabamos con parte o la totalidad de
su ecosistema con el fin de obtener todo su potencial de riqueza para nuestro
bienestar. Azotes de esta tierra, explotadores de sus recursos, malos gobernantes
del patrimonio humano, capaces de enfrentarnos entre nosotros mismos y
asesinarnos sin piedad. El Ser Humano ha dado y da muestras de sus capacidades
y actitudes en cualquier momento de la historia. Si así siguiera estaría dando
una imagen poco realista de la condición humana, sería como uno de los
telediarios actuales de los medios televisivos en los que solo parecen que
existen noticias tétricas y sangrientas.
Me aparto del párrafo anterior, pues si
bien es cierto, que la inmensa mayoría de la gente no lo ha vivido así, aunque
en algún momento de su historia personal pueda presentar un relato de crimen y
miseria a su alrededor. Pero si es cierto que podemos tener la tendencia a
considerar nuestra naturaleza muy humana, a considerar que todo está dentro de
nosotros y que nuestra mente es el órgano vital más poderoso que poseemos,
darle a la mente el poder y considerar la razón la fuerza de la vida. Quien así
concibe la vida suele atribuir las buenas obras, las más altas cotas de
excelencia humana en la bondad, la compasión y la misericordia, en el AMOR, al
resultado de una adecuada instrucción y educación, cultura y civilización. La bondad
en las personas y las civilizaciones sería el resultado de un proceso muy
humano, en el que todo tiene una explicación racional, lógica y por ello
humana.
La evolución explica el desarrollo del
Homo Sapiens Sapiens y lo que no se puede explicar del hombre, la naturaleza o
el propio cosmos es sencillamente un enigma que llegará a desvelarse por la
fuerza de la razón teniendo a la mente como protagonista.
Y parece que la historia les viene
dando la razón durante siglos, pues los avances ahí están, los descubrimientos…
Por supuesto niegan la posible
existencia de todo cuanto la razón en la mente considere imposible y por ello
niegan la propia existencia y consideración de una vida espiritual, de un
espíritu.
Vivir de este modo es vivir en un mundo
limitado por fronteras muy precisas y determinadas, todas ellas racionales.
Lo que este curso pretende enseñar o
practicar es la posibilidad de traspasar las fronteras. Mejor dicho, pretende
demostrar que las fronteras racionales se traspasan para tomar cuenta de
evidencias que nuestra propia mente no puede interpretar de manera racional.
Los experimentos neurocientíficos
evidencian que quienes han atravesado las fronteras y van más allá registran
actividad neuronal, cerebral y mental diferente al resto.
Si quieres emprender este viaje deberás
estar preparado para él. A igual que para pilotar una nave especial y dar un
paseo espacial el entrenamiento es básico y mantenerte en forma una necesidad.
El entrenamiento para ello lo han denominado INTELIGENCIA ESPIRITUAL.
Bienvenido abordo.
viernes, 6 de noviembre de 2015
VIDA ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI (V): VIVIR EN EL ESPIRITU (I)
Tendemos a separar, nuestra mente es la
gran separadora, a ello nos ayuda el cuerpo y la materia que nos hace parecer
entes separados, independientes. Más al ser la energía nuestra verdadera
esencia podemos llegar más fácilmente a la conclusión de que no estamos tan
separados.
El concepto de “Mentes Conectadas” que
ya está presente en los estudios neurocientíficos aporta los datos y las
pruebas de que esa unión entre todos a través de una invisible red energética
es posible. Lo que los cristianos llevamos siglos manifestando a través de la “Comunión
de los Santos” es acogida por la ciencia como una potencial posibilidad con
pruebas ya constatadas.
En la vida espiritual nos puede
parecer, así lo hemos aprendido, que por un lado están las prácticas ascéticas
y místicas y por otro lado la vida. De hecho la mayor parte de las reivindicaciones
de los siglos pasados era separar Iglesia y Estado, lo que se logró y es
natural que así sea. Pero esta manera de pensar nos aportó una visión separada
de la vida espiritual, como si lo espiritual es lo que tú o yo, cada uno, en su
casa, en su intimidad practicara y por otro lado está nuestra vida social en la
que las manifestaciones de las prácticas espirituales no tienen cabida al
pertenecer a la esfera privada de cada persona. Siglos de imposición e
inquisición han logrado mantener esta creencia de separación entre lo
espiritual y lo humano. El racionalismo ha supuesto durante siglos la
separación entre mente y cuerpo, entre mente y espíritu. La razón, se elevó a
los altares, se bendijo y es la diosa que gobierna la vida de millones de
personas, mutilando así sus capacidades, que van más allá del uso de la mente
para obtener pensamientos.
Como ser espiritual la mujer y el
hombre llevan su espiritualidad a todo lo que tocan y hacen. Ahora bien, la
diferencia entre unos y otros está en el grado de consciencia y de desarrollo.
La mayor parte de la gente es
inconsciente a su espiritualidad. Encerrada en su mente o en su cuerpo, o en
ambos a la vez, puede permanecer ajena a su realidad espiritual hasta su muerte
física.
Quienes han despertado a su realidad
espiritual y han emprendido el camino del crecimiento espiritual pueden caer en
la trampa mental de la separación y guardar celosamente su incipiente sabiduría
espiritual para sí, marcando una línea entre lo que practica, lo que cree y lo
que vive.
Nuestra vida espiritual consciente es
omnipresente, lo inunda todo, el trabajo, la familia, las relaciones sociales,
lo que digo o lo que hago. Está siempre presente en mí. No obstante puede ser
más o menos consciente en cada momento del día y por ello tengo que estar
continuamente observando y alerta para rectificar en cada momento pues volver a
“dormirse”, volver a la vida inconsciente es muy habitual. O dicho de otro
modo, mantener una plena consciencia durante todo el día requiere un
entrenamiento y unas habilidades aprendidas.
El “darse cuenta” se convierte entonces
en la actitud básica. La que me permite verificar si en cada momento lo que
hago lo hago en atención plena al momento presente, desde el corazón o la mente,
más dormido o mas despierto…Entonces podré rectificar, podré volver a la
consciencia, podré volver al corazón, podré aquietar la mente, podré volver al
centro de serenidad y paz que somos, pues me he dado cuenta de que estaba con
el piloto automático, perdiéndome el presente, actuando con mis creencias,
pensando y no sintiendo…Y será en ese proceso de “darse cuenta” donde
encuentro, como el hijo pródigo de la parábola, el momento de volver a casa. En
el cristianismo se denomina la “rectificar la intención”.
Cuando logramos vivir conforme al
espíritu que somos y lo aplicamos en cualesquiera tareas de nuestra vida los
resultados son evidentes a los que nos rodean, que comienzan a percibir la luz
que irradiamos y la paz y serenidad que desprendemos.
La coherencia con lo que realmente
somos se convierte entonces en una necesidad. Estamos dotados de las
herramientas adecuadas para darnos cuenta y rectificar la intención. Entrenar al
observador para que se cuenta y entrenarla voluntad para que rectifique son dos
aspectos de la vida espiritual que estarán siempre presentes en nuestras vidas
pues somos muy, muy humanos, vivimos como seres espirituales una aventura
humana.
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VIDA ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI
viernes, 23 de octubre de 2015
VIDA ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI (III): ¿QUE ES VIVIR?
Si de nuestra propuesta, “VIDA
ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI” hemos analizado, a modo de introducción, la palabra
“espiritual” y “siglo XXI”, que se corresponden con los dos capítulos
anteriores, hemos de afrontar para terminar con esta introducción con la
palabra “vida”.
Vivir. ¿Qué significa vivir o qué es vivir?.
La vida consiste en respirar, faceta fundamental, sin la respiración nos
morimos, pues al respirar comienza la vida y al expirar la terminamos. Vivir es
respirar y no lo solemos hacer de manera consciente, más bien lo hacemos de
manera inconsciente, lo que suelo denominar “en piloto automático”.
Después de respirar existen una serie
de necesidades fisiológicas que deben ser satisfechas y que suelen ser
graduales y progresivas. Satisfacer esas necesidades se convierte para muchos
en lo cotidiano y ordinario pues no existen otras expectativas, es decir,
buscar que comer, vestir y donde cobijarse, junto con sanar sus heridas, es
para algunos el conjunto de necesidades que deben satisfacer y no hay más,
frente a los millones de personas que inmersos en sociedades más elaboradas y
complejas tienen como necesidades un elenco de expectativas más amplio y por
ello su vida presenta un entramada más amplio de actividades.
Vivir en el contexto en que has nacido
se ha convertido en la necesidad de satisfacer necesidades. Como ya explicó
Maxlow en su pirámide de las necesidades nuestra vida se presenta como una
carrera ascendente hacía la autorealización de todo cuanto nos hemos propuesta
como seres humanos.
Pero antes de todo, antes de nada, es
decir, antes de que mis antepasados decidieran evolucionar y poner sobre
nuestras vidas un complejo mundo, ¿Qué era vivir?.
Y ahora que ya sé que la vida no
consiste solo en satisfacer las necesidades básicas, como tuvieron que hacer
mis antepasados primigenios, pues tengo alternativas al estar dotado de más
capacidades, ¿Qué es vivir?.
Si el pasado y el futuro no son más que
apreciaciones mentales y no sólo existe el presente y si la respiración es la
que me permite estar en el presente, vivir tiene que ver algo con el presente y
la respiración.
Tanto presente como respiración nos
llevan inexorablemente al cuerpo. El cuerpo tiene que tener la clave de la vida,
pues sin él no hay presente ni respiración.
El cuerpo, este elemento o soporte
vital del que estamos dotados y al que solo prestamos atención hoy en día por
dos cuestiones: Por salud y por estética, lo demás del cuerpo me importa más
bien poco, conocer cómo es y cómo funciona es una asignatura pasada del Instituto
que ahora no me interesa. Pero en el cuerpo está la clave para saber lo que es
vivir.
Para algunos este paso por la tierra no
tiene ningún sentido, vivimos y morimos y ya está, adiós.
Para este curso de “VIDA ESPIRITUAL EN
EL SIGLO XXI” este paso por la tierra tiene un sentido. Partimos del hecho, no
constatado, es decir, partimos de un axioma no científico, de que somos seres
espirituales viviendo en un cuerpo en la tierra.
Dejemos claro este importante aspecto
para quienes prefieren la racionalidad absoluta en la vida y la prueba
científica de todo lo que quieren ver y oír.
En este curso hablaremos de que somos
unos seres espirituales en una vida humana, en un cuerpo.
Como no puedo probarlo científicamente,
esta afirmación se hace invisible para la mente, pero veremos a lo largo del
curso como no es lo mismo para nuestro cuerpo que puede desarrollar
enfermedades sin que la mente sepa que existen y por ello no dejan de existir
las enfermedades en el cuerpo.
Vivir
para este curso es descubrir la misión del espíritu que somos en la tierra y
llevarla a cabo.
Si estás de acuerdo o sólo sientes curiosidad,
fantástica disposición para aprender, bienvenido.
Se convierte la pirámide de Maslow en
el libro de instrucciones de la vida en la tierra que nuestro Ser Espiritual
debe conocer para poder sobrevivir en este planeta. Más la inmensa mayoría de
la gente ha dejado de pilotar el cuerpo, como nave en espacio y el tiempo, y ha
puesto el piloto automático, dejando que la mente tome las decisiones de rumbo
y potencia y nosotros nos proponemos volver a pilotarla tal y como se espera de
nuestra naturaleza espiritual.
Llegados a este punto alguno o alguna
se preguntará cómo es posible que seamos un Ser Espiritual, que quien nos ha
creado. Estas preguntas totalmente mentales solo tienen una respuesta, y la
hemos denominado FE. Y la Fe en este curso hay que declararla desde el
principio, creo en Dios como Creador del Ser Espiritual que todos somos. Y creo
que mi mente no es capaz de entender a Dios pero si soy capaz de dejarme amar
por Dios y, ese dejarse ser, es el camino que vamos a andar. Dejar ser.
sábado, 17 de octubre de 2015
VIDA ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI (II):EL SIGLO XXI: El cambio que no existe.
El siglo XXI presenta unas características
especiales que lo diferencian de los siglos pasados según la historia atestigua
y nos enseña. Cada tiempo es diferente nos dirá la mente, “las cosas ahora son
distintas”, “hemos cambiado”, “ya no es como antes”, “ahora es diferente”, “todo
ha cambiado mucho”…, todo un conjunto de expresiones al estilo mantra que nos
solemos repetir y nos repiten hasta generar la creencia de que los tiempos
pasados fueron siempre peores, al menos diferentes y que algo ha cambiado. Más
si nos alejamos de la mente y nos centramos en el mundo emocional, el mundo de
los sentimientos, el mundo no ha cambiado, presenta las mismas emociones y los
mismos sentimientos, nada nuevo bajo el sol. Si bien es cierto que reaccionamos
de diferente manera frente a diferentes circunstancias y acontecimientos, la
ira, la alegría, la sorpresa, el miedo, la tristeza, el sentimiento de culpa, o
el de seguridad, siguen existiendo y dominando al hombre y la mujer como lo
hacían antaño. Esto llevo a decir a la ciencia hace poco que el hombre es un
ser emocional, pues la emoción decide y la razón justifica.
Desde el punto de vista emocional solo hemos
avanzado hacía una mayor comprensión de la entidad e idiosincrasia de las
emociones en lo que Daniel Goleman bautizó como “Inteligencia Emocional” como
aquél talento del que disponemos y podemos entrenar para el manejo y la gestión
de las emociones, dejando al lado la palabra control que me resulta demasiado
pretenciosa para expresar el poder del ser humano sobre un mecanismo automático
y adaptativo del que no dispone de un botón de On u Off y simplemente puede influir sobre la homeostasis
de manera limitada.
Sabemos más y las podemos gestionar mejor,
sería el resultado de los avances científicos que aportan al siglo XXI un plus
diferenciador sobre los siglos pasados, pero el objeto de estudio sigue siendo
el mismo: Las emociones.
En relación al mundo espiritual el siglo XXI
ha aportado lo que se ha denominado con prontitud “INTELIGENCIA ESPIRITUAL”
En 2006 por el neurocientífico
Mario Beauregard, de la
Universidad de Montreal, en Canadá encontró que la
experiencia espiritual activaba más de una docena de diferentes áreas del
cerebro a la vez. Se registra actividad en:
1º.-Los lóbulos frontales. Se mejora
la atención y la concentración, y generan nuestro sentido de “yo”, por lo que
al alterar su funcionamiento se percibe una “disolución del ego”.
2º.-El sistema límbico se vincula
con los sentimientos afectivos.
3º.-Se ha observado también una
“desconexión” del lóbulo parietal, que maneja la orientación espaciotemporal,
lo que parece crear la sensación de fusión con el Universo.[1]
Hemos constatado lo que ocurre cuando
utilizamos la Inteligencia Espiritual, pero no es nueva, es la más antigua. Hace 2.500
años, Buda la llamó visión
cabal o Vipassana; como el Apóstol Pablo de Tarso en la carta a los Colosense en el Cap. 1:
9-10 ora pidiendo inteligencia espiritual.
En resumen, sabemos más de lo que ya
existía. Somos más conscientes de lo que eran nuestros antepasados, esta es la
diferencia.
El siglo XXI es uno más en la historia en
el que las personas que lo viven tienen que enfrentarse a las mismas emociones
y sentimientos que antaño. Nada ha cambiado en este aspecto. Reímos, lloramos,
nos enfadamos, nos hartamos y nos entristecemos, pero no por lo mismo. Y esta
aseveración es compatible con la evolución constante el ser humano, una
convicción de la mente que cree que evoluciona y cambia cuando todo permanece.
No podemos percibir el movimiento del universo en expansión y nos creemos
estáticos, creemos que nuestra posición en el Universo es estática por lo
imperceptible del movimiento del universo para el hombre. De la misma manera,
creemos que en el tiempo, frente a la eternidad, nos movemos y evolucionamos,
pero realmente estamos en el mismo punto donde comenzó una vez todo. Un
Universo en un tamaño finito al que dan un tiempo infinito.
Para nuestras vidas cotidianas y
ordinarias todos estos estudios científicos nos aportan poco, si no
profundizamos, si los dejamos en la superficie, más bien nada. Pero si nada hay
nuevo bajo el sol y como dicen los Libros más antiguos que tenemos, y que ahora
la ciencia confirma con los datos: “Lo que fue,
eso será, y lo que se hizo, eso se hará; no hay nada nuevo bajo el sol.” Estamos
ante el reto de entender y comprender lo que los antiguos ya sabían y
constataban como certezas y verdades y nuestra mente, durante siglos, consideró
cuestionable y ahora se constata como cierto.
APRENDER a DESAPRENDER es el reto para quien
quiera tener una vida espiritual en el siglo XXI, pues todo lo que la mente ha
cuestionado durante siglos ahora comienza a ser confirmado con la certeza de la
ciencia. Pues nada ha cambiado, que todo sigue igual y Matusalén se enfrentó a
lo mismo que Bill Gates, la supervivencia de su cuerpo y la gestión de sus
pensamientos y emociones.
viernes, 9 de octubre de 2015
VIDA ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI (I): LA CREACIÓN, EL CREADOR: Veni Creator.
Este año aún no he encontrado un tema sobre
el que desarrollar la temporada de este Blog, después de la serie UN CURSILLO
DE AMOR y REINICIARSE COMO SERES ESPIRITUALES, nos proponemos un nuevo curso
sin rumbo fijo, sin horizonte, aún no ha surgido esa claridad mental que nos
lleva a esa expresión tan universal del Eureka! Que más bien es la exclamación ¡Ajá!.
En este mar en calma en el que el barco aún no se mueve y busca un horizonte al
que dirigir su timón y un viento que hinche sus velas, en esa calma chicha que
conocen muy bien quienes han surcado el Pacífico en el que los vientos cesan y
las olas duermen.
Para un escritor o un músico estar en dique
seco es no ser productivo no lograr parir, ni atraer al mundo las musas que le
harán generar riqueza y belleza. Es la muerte, pues quien no es capaz de
generar vida está muerto en vida. La vida es creación.
Saber crear es una sabiduría que no todo el
mundo alcanza. Dios es el máximo creador, a él se le atribuyen todas las dotes
creativas, que son infinitas y nosotros, hijos suyos, hechos a su imagen y
semejanza somos también creativos, creadores, cocreadores.
Esta realidad es bien conocida del ser humano
desde hace siglos. Existe la posibilidad
de contactar con la fuente creadora de todo lo creado y que ésta a su vez
inunde la vida concreta de cada ser humano para en armonía con lo creado poder
llegar a ser cocreador.
Este contacto que todo el mundo espera sea
mental y quienes lo han experimentado y experimentan expresan de otra
naturaleza es un puente espiritual, no puede ser mental, ni emocional, ambos
netamente humanos, debe trascenderlos y por ello se aleja de la naturaleza
humana para adentrarse en lo más desconocido y creíble, pues es ensimismo increíble,
lo que provoca incredulidad.
Este puente espiritual durante siglos se ha
denominado “ESPIRITU” y en el cristianismo se le ha denominado “ESPIRITU SANTO”. La tercera persona de la Trinidad, el gran
olvidado en los rezos y oraciones de muchos creyentes, aunque invocado siempre
junto al Padre y al Hijo en las oraciones más simples.
La fuerza creadora que nos hace cocrear es
una fuerza espiritual con la que debemos contactar. A la que debemos invocar y
atraer y durante siglos mujeres y hombres la invocan de muchas maneras e
intentan contactar con ella de muchas formas llegando a denominarla con
múltiples nombres. Los ritos y rituales de invocación son muy diversos y heterogéneos
a lo largo de la historia y según la parte de la tierra donde nos encontremos,
pero todos las culturas han intentado y conseguido cruzar el puente. En el
Cristianismo existe un cántico creado en el siglo IX que lo invoca el “VENI
CREATOR” una maravillosa pieza de canto gregoriano.
Como podéis comprobar basta invocar la
escasez para que las fuerzas espirituales vengan en tu ayuda y donde antes
había sequedad surja ahora un manantial fresco de agua y vida eterna, si eterna,
pues la fuerza creadora del Espíritu te permite vivir el ahora, único tiempo
que forma parte de la eternidad.
En esta fuerza inspiradora que ha nacido de
la nada y ha acabado con este artículo nace un horizonte para este curso, VIDA
ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI, que será el banco de reflexión en el que semana
tras semana me propongo sentarme para dejarme sentir como hoy y que la pluma,
en este caso el teclado, sea inspirado por el ESPIRITU SANTO, denominación a la
que me acojo por ser mi formación cristiana y mi creencia la fe católica, pero
que invito a quienes no les guste puedan sustituir por el nombre o la
denominación que más les guste o se ajuste a sus creencias, pues en este camino
cabemos todos.
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VIDA ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI
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